sábado, julio 18, 2009

sábado

Atravesamos el pueblo en el auto plateado con la música a todo volumen. Afuera hay viento y gris y esa oscuridad imprecisa que demarca el fin del día o el comienzo de la noche, y que hace que el paisaje se vuelva espectral, amenazante. De frente vienen dos camiones chilenos con sus veinte metros de largo y las luces prendidas. A pesar de la música, los escuchamos pasar y el auto tiembla por unos segundos.
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Hay días y hay noches en que miro al pueblo con los ojos extrañados de quien pasa por un pueblo fantasma en medio de la ruta en medio de la nada. Este es uno de esos días o de esas noches. Y entonces miro, porque no soy yo quien maneja, a los dos costados de la ruta: a las líneas blancas, a la barranca que cae suave hasta el pueblo, a las calles de tierra que mueren en el asfalto, a los paisanos de sombrero que esperan el momento indicado para cruzar, a los faroles que empiezan a encenderse, que primero titilan una luz blanca y de a poco adquieren el color naranja que iluminará la oscuridad de la noche.
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Miro el pueblo y sus locales, la estación de servicio desierta, los dos supermercados, la antena roja que se pierde en la nube. Miro las montañas lejanas que encierran el valle en un pozo y le dan algo de sentido al nombre. Miro una catarata de agua blanca y un barrio de casas que fueron iguales y que sólo el paso de los años volvió distintas. Miro la comisaría y el cementerio de autos chocados. Miro una cancha de fútbol vacía y el tendido de cables de alta tensión. Leo los carteles y los afiches de campaña, pegoteados, rotos, aburridos.
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En menos de lo que dura una canción el pueblo aparece y desaparece.
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Osvaldo solía preguntarle a sus amigos, entre ellos Padre y Madre, si se daban cuenta de que eran habitantes de un pueblo de esos que uno, si lo atraviesa una noche en auto en medio de un viaje, sólo puede decir: "qué loco, pensar que hay gente que vive acá".

domingo, julio 05, 2009

domingo

Con tal de educar a sus hijos y a sus nietos mi abuelo mató y dejó malheridos a la mayoría de sus amigos. A lo largo de los años, todos y cada uno de ellos sufrieron accidentes tan estúpidos como letales que, por suerte, al menos dejaron sobre la faz de la tierra una lección, una enseñanza. En cada reunión familiar, cuando nosotros íbamos a Buenos Aires o ellos venían para acá, mi abuelo contaba, además de un cuento de Tarzán, la desventura de alguna de sus amistades. Yo tenía un amigo, empezaba, y ya se sabía el final. Uno de ellos perdió un brazo después de sacarlo por la ventana del auto en movimiento. Otro abrió la heladera descalzo y quedó duro en el piso. Otro quedó sin dedos por culpa de un ascensor con reja. Otro murió asfixiado con una bolsa de supermercado. Otro no miró al cruzar la calle. Otro no esperó y después del almuerzo se zambulló de cabeza en la pileta -o en el río o en el lago o en el mar: el escenario de esta muerte solía cambiar según el contexto- y nunca salió a flote. Otro miró mucha televisión. Tus amigos, dijo Jason un mediodía de primavera, son todos unos boludos. Reímos.
Ahora los amigos de mi abuelo mueren de causas menos pedagógicas.

miércoles, julio 01, 2009

miércoles (bis)

autoayuda
Me gustaría ser de esos que tienen una idea y la llevan hasta las últimas consecuencias. Me gustaría ser de esos que tienen ideas. Me gustaría ser de esos que se definen y dicen porque yo soy así, viste, y el resto siempre les tiene algo de bronca, porque nadie debería poder decir, así como así, porque yo soy así, viste. Me gustaría ser de esos que saben qué es lo que quieren. Me gustaría tener enemigos. Me gustaría que alguno de mis enemigos una tarde de sol me cague a piñas y después tener que devolversela, y para eso buscarlo y encontrarlo una noche en alguna esquina oscura, apenas iluminada por un farol al que le faltan varios foquitos y acercarme por la espalda y darle tiempo a darse vuelta y decirle soy yo, te acordás de mí, tenemos una cuenta pendiente. Algo así. Me gustaría ser de esos que tienen un hobby. Me gustaría ser de esos que saben qué es lo que les gusta. Me gustaría ser de esos que tienen un proyecto y lo llevan a cabo. Me gustaría ser de esos que tienen un proyecto y lo llevan a cabo y el proyecto es una cosa así como sacar una foto por día de un muñeco de nieve que se derrite en el jardín hasta ser una mancha de barro en la que sobresale una zanahoria enmohecida y dos botones, o escribir un diario, o poner una canción por día en un lugar para que alguien la escuche. Me gustaría ser de esos que tienen una marca de mayonesa favorita y sólo pueden comer esa marca. Me gustaría ser de esos a los que les gusta la mayonesa.
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Mientras tanto, llega el spam: "Lo tenés tan chiquito que necesitás mentir: no había agua caliente en la ducha". Otro: "Parecen que a Brad Pitt lo vieron con Lindsay Lohan en Los Angeles". Otro: "Meg Ryan tira un premio importante a la basura". Otro: "El envenenamiento de comida sucede en cualquier lado". Otro: "Bush y Putin coincidieron en volver a comenzar con la guerra fría durante el encuentro del G8". Otro: "Belleza refinada o accesorios clásicos: ahí yace la paradoja". Otro: "Agrandá tu humanidad: no vas a ser el mismo después de consumir nuestro suplemento". Otro: "Chenney visita Afganistán. Les dispara en la cara". Otro: "¿Ir de shopping te parece mejor que el sexo? Otro: "El blooper en bikini de Jessica Alba". Otro: "Hay sospechas sobre la salud de McCain". Otro: "Maquillá tu carrera con un nuevo título: no te costará nada". Otro: "Osama entrena cabras para bombardeo táctico". Otro: "Ataque de tiburones en Australia: dos muertos". Otro: "Hay un chico que come una rata por día".

miércoles

Tienen razón los que dicen
que mejor que decir
es hacer.

domingo, junio 21, 2009

domingo

Primer día del padre para mí, primer invierno para Juan.
Y todos felices.

martes, junio 09, 2009

martes

El valle y el día y todo amaneció cubierto por una niebla espesa que apenas si dejaba pasar algún rayo de sol, un sol que visto así estaba opaco, desgraciado, más parecido a un foquito de veinticinco watts que a la bola inmensa de fuego que arde a miles de kilómetros que es. La niebla no cedió en todo el día de mi cumpleaños número veintisiete. Ni en la chacra, cuando comimos pollo al horno y tomamos vino y charlamos en el living y el fuego de la chimenea calentaba el ambiente y Chan Marshall cantaba sus canciones. Menos aun cuando volvimos manejando despacio y con la calefacción al mango por la ruta serpenteante y oscura. Tampoco cedió a la noche, cuando vinieron los chicos y estuvieron un rato y hablamos de todas esas cosas y tomamos más vinos. Ni cuando le dimos la última mamadera del día a Juan y después nos acostamos con los labios violetas. Ahí menos que nunca: por la ventana se podía observar que estábamos dentro de la nube, que la nube era gris y espesa y que alrededor nuestro ya no había ni iba a haber más nada.
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Hoy: sol.

sábado, junio 06, 2009

sábado

Entra sol por la ventana que está a mi izquierda: una telaraña perfecta se ilumina como si estuviese hecha de tubos de neón gris, la mitad de mi cara aparece reflejada en la ventana que está atrás de la computadora y puedo ver clarito el grano que me salió ahí donde debe estar ubicado el tercer ojo: habitar una casa tan hindú puede tener algo que ver. Lu y Juan salieron, estoy solo en la casa. Escucho música de fondo, Stephen Malkmus, tanto que hablamos de él con Migui el otro día. Tengo los pies fríos y sudados, tengo la mente despejada, tengo la barba crecida y a tono con el invierno y el Bolsón.

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Empecé a escribir un diario cuando llegamos. Nunca antes había escrito uno. (Miento, escribí uno a los doce años, cuando mis abuelos me invitaron a ir a Punta del Este, que duró tres carillas y se perdió por ahí entre tanta agua y tanta arena). Empecé a escribir un diario, decía, y todos los días trato de poner algo de lo que hice. Nada más tedioso que escribir un diario. Y además las oraciones pronto empiezan a volverse todas iguales, siempre se escribe: hoy, después, más tarde y todavía no. El otro día leí las pocas carillas que había escrito y abundaban las descripciones de las comidas: las milanesas, los guisos, las empanadas, los vinos -sobre todo los vinos-.
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Es un sábado de aquellos y aprovechamos para guardar todo el sol que podemos en la piel, en los poros, en el pelo, en las uñas, en los párpados: cerramos los ojos y miramos el sol y vemos ese color rosa o salmón, ese color claro, ese color pastel que es el color de la felicidad.
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Hoy a la noche tenemos campeonato de truco en beneficio del Club Atletico Pedregoso. Es en la escuela 81, esa a la que fui por seis meses, ahí sobre la ruta, pintada verde. Vamos a ir con padre, Migui, Patón, Mati, Lucas. Vamos a tomar vino Tocornal, vamos a perder con honor, sin hacer señas. Este, por ejemplo, es un típico párrafo de mi diario: dice hoy, dice vino.
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Sí, pusieron internet, pero parece que la inspiración no llega por adsl.

martes, junio 02, 2009

martes

La computadora me chifla que se está por quedar sin batería. Le digo que no moleste, que no sea alarmista, y sigo. Estoy en el Aca, chupando wifi mientras como un alfajor jorgito negro y miro por la ventana la cordillera nevada, el cielo celeste, los árboles pelados de hojas, el pasto verde, las personas que pasan abrigadas y tirando humo por la boca. Tengo muchas cosas para contar, pero no es el momento. En pocos días ponen internet en casa. Ahí sí.
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¿Y qué pasa con los martes?